La visión es el más relevante de los sentidos para todos nosotros

Nos permite captar la mayoría de los estímulos que llegan a nuestro cerebro y, debido a esto, la visión es la que le guía a nuestro cuerpo, a través del cerebro, y le dice qué hacer, cuándo, dónde…. Si existe algún problema en este proceso, las dificultades se convierten en problemas muy serios que bloquean el aprendizaje, interfiriendo en el rendimiento escolar del niño o en el desarrollo de nuestro trabajo y vida diaria.
Pero estos problemas se pueden detectar y tratar. Y quien adquiere un papel importante en esta labor es el optometrista, a través de terapias visuales comportamentales, algo así como una reprogramación de las capacidades visuales a través de un complejo y completo trabajo en el cerebro.

Problemas relacionados con el aprendizaje pueden estar directamente derivados de algún tipo de deficiencia visual. Síntomas como el déficit de concentración, la mala ortografía, dolores de cabeza, la confusión de palabras, complicaciones a la hora de memorizar textos, parpadeos excesivos, o una mala coordinación son claros ejemplos de dificultades que implican a la visión, tales como la fatiga visual, el ojo vago, dificultades para enfocar y coordinar ambos ojos o el estrabismo. Un optometrista puede detectarlos de manera eficaz y rápida a través de un examen visual personalizado.

 

EL TRABAJO DEL OPTOMETRISTA COMPORTAMENTAL


La optometría se centra en las anomalías de la visión que no son resultado de una patología ocular o de un defecto refractivo. Hablamos de problemas de funcionalidad, de eficacia visual, de memoria visual, de coordinación visomotora. El resultado se convierte en deficiencias en ámbitos referidos a la capacidad acomodativa, responsable del enfoque y desenfoque visual; así como a la capacidad oculomotora, encargada de armonizar los movimientos oculares, o a la binocularidad, que se encarga de coordinar ambos ojos. Hacemos referencia al típico niño que al copiar los deberes de la pizarra salta varias palabras, ya que sus ojos no les permiten alternar la mirada de lejos (pizarra) a cerca (libreta) con precisión; de la niña que no puede centrar su atención en la maestra mientras que explica, ya que cualquier estímulo que entre en su campo visual atrae su mirada y le despista; del adulto que no puede leer durante ratos largo, siendo su sistema visual bajo condición de insoportable estrés en visión próxima.
Las patologías más comunes y que todos conocemos son el ojo vago, la vista cansada, estrabismo, dificultad a la hora de leer y escribir. Todo esto, llevado al día a día de cualquier persona, especialmente de los niños, se puede transformar en problemas de aprendizaje escolar o, en adultos, de rendimiento cotidiano y laboral. Pero estos problemas pueden afrontarse y solucionarse. El cerebro se puede entrenar, reeducar, gracias a una propiedad de gran importancia, la neuroplasticidad. Atendiendo a esto, podemos moldearlo, tanto en el niño como en el adulto, acudiendo a las correspondientes técnicas de terapia.

EXAMEN VISUAL COMPLETO

Mediante un estudio completo de la visión, un optometrista comportamental analiza todas y cada una de las funciones visuales necesarias que deben de entrar en acción durante el aprendizaje, como son:
• Control de los movimientos oculares
• Habilidades de enfoque y acomodación
• Coordinación entre los dos ojos
• Coordinación ojo-mano
• Percepción del 3D
• Visión periférica
• Integración viso-motora
• Resto de habilidades de percepción
A través del resultado obtenido de su análisis, el optometrista comportamental plantea un tratamiento encaminado a ayudar al paciente (niño o adulto) a alcanzar su máximo potencial de rendimiento visual en ámbitos como el estudio, el trabajo, los deportes, ocio…

LA TERAPIA VISUAL
El optometrista detecta el problema y establece el programa a través del cual, mediante un método personalizado, tratará las deficiencias que la persona presente en sus habilidades visuales y en la coordinación de éstas con el resto de los sentidos. Una correcta educación y un óptimo entrenamiento de la visión permiten mejorar el rendimiento del sistema visual a cualquier edad.

Existen multitud de ejemplos y testimonios en los que la terapia visual ha potenciado las habilidades visuales del niño y su sistema visuo-motor, ha mejorado notablemente su condición escolar y su rendimiento en el deporte. Las notas mejoran de manera drástica, la seguridad del niño se incrementa al poder disponer de herramientas que le permiten realizar tareas que antes le era imposible acometer, las relaciones con el resto de sus compañeros mejoran al sentirse parte del grupo, algo que antes no conseguía debido a esas alteraciones visuales.  Todo ello a través de un protocolo individualizado de Terapia Visual Neurocognitiva desarrollado para tratar estos problemas de eficacia visual.