El estudio y la investigación en torno a los reflejos primitivos han permitido detectar de manera precoz la aparición de problemas en el desarrollo y el aprendizaje infantil y del adulto. Como resultado de estos avances, se han establecido tratamientos que permiten hacer frente y resolver problemas derivados de un mal desarrollo de los reflejos primitivos, tales como distintos trastornos del movimiento, posturales, de equilibrio, torpeza motora, así como diferentes trastornos en determinadas habilidades visuales.

Ante esto, resulta lógico que cada vez más profesionales de todo el mundo estudien los reflejos primitivos como complemento a sus especialidades.

 

 

¿QUÉ SON LOS REFLEJOS PRIMITIVOS?

Los podemos definir como movimientos automáticos dirigidos desde el tronco encefálico y que son ejecutados sin que medie la corteza cerebral, que tienen su razón de ser en la supervivencia del recién nacido ante el enorme cambio que experimenta el bebé al nacer. Esencialmente, el recién nacido deja el medio acuoso en el que se ha desarrollado dentro del útero de su madre, y se enfrenta al mundo exterior, donde debe empezar a vivir por sí mismo desde el primer momento. Los estímulos que le rodean y las necesidades vitales que debe satisfacer le obligan a reaccionar de una determinada manera en cada situación. Aquí entran en escena los reflejos primitivos.

Estos reflejos primitivos se desarrollan en diferentes etapas del embarazo y justo después del nacimiento, y se convierten en la base sobre la cual madura el sistema nervioso, es decir, favorecen la creación y el desarrollo de estructuras neuronales más complejas y, por ello, aprendizajes más complejos.

Esto significa que, una vez han cumplido su misión, los reflejos primitivos deben desaparecer o bien integrarse en estas funciones cerebrales superiores. El bebé desarrolla, por ejemplo, reflejos posturales, que le permiten erguirse, mantener el equilibrio y moverse a medida que va creciendo. ¿Pero qué ocurre si determinados reflejos permanecen activos y no se inhiben o integran cuando el bebé crece?

 

INTEGRACIÓN Y REFLEJOS ABERRANTES

PROBLEMAS DERIVADOS

Hay reflejos que permanecen en nosotros toda la vida, como el del parpadeo, el del bostezo, el del estornudo…, pero recientes investigaciones han demostrado que cuando otros reflejos no desaparecen o se integran cuando el bebé se encuentra entre los seis y los doce meses de edad, se detiene el normal desarrollo del sistema nervioso central, que no evoluciona como debiera y no se desarrollan las correspondientes habilidades motoras, percepción sensorial ni la cognición del bebé.

Los investigadores los han llamado reflejos aberrantes, y se convierten en un problema muy serio en distintas áreas funcionales. Entre las más graves, encontramos la percepción sensorial, la coordinación motora gruesa y fina, la cognición y la expresión, lo que supone que se ve muy comprometido el aprendizaje del bebé.

 

¿CUÁLES SON LOS REFLEJOS PRIMITIVOS MÁS IMPORTANTES?

A continuación exponemos los Reflejos Primitivos más comunes y los problemas que puede ocasionar la no integración de los mismos en la salud del bebé.

Reflejo de Moro. Una acción repentina, que no espera el bebé, produce en él una respuesta de alarma. Por ejemplo, si colocamos al bebé en posición de decúbito supino, sosteniendo su cabeza, espalda y piernas, de manera súbita le hacemos descender unos 60 centímetros. Esto provoca el reflejo de extensión de brazos, apertura de manos, flexión de las caderas y llanto. Si este reflejo persiste más allá de los ocho meses de vida, sugiere una disfunción cerebral. A nivel visual, pueden presentarse problemas oculomotores, de percepción visual, fotosensibilidad…

 

Reflejo Tónico Asimétrico. Este reflejo se mantiene desde el nacimiento hasta los dos meses de edad. Si mantenemos al niño en decúbito supino, giramos su cabeza a un lado colocando la mandíbula sobre su hombro. El brazo y la pierna de ese lado presentan extensión, mientras que los miembros del otro lado presentarán flexión. El RTAC permite la primera coordinación ojo-mano y está presente cuando aparecen las primeras fijaciones sobre objetos cercanos. En los movimientos de integración el niño entrena la visión binocular. La persistencia más allá de los dos meses de vida sugiere complicaciones en los movimientos oculares y problemas de visión binocular, llegando a ocasionar dificultades con la comprensión lectora, sobre todo debido a Dislexia.

 

Reflejo Tónico Laberíntico. Este reflejo es crucial para ayudar al niño a adaptarse a las nuevas condiciones gravitacionales tras el parto, ayudando al recién nacido a enderezar su postura, reforzar su musculatura y mejorar su equilibrio. Pero si no se integra, este reflejo se convierte en obstáculo para que el niño asimile el espacio que le rodea, la distancia, la profundidad y la velocidad, ocasionando problemas de oculomotricidad y equilibrio.

 

Reflejo Palmar. Desde el nacimiento hasta los tres o cuatro meses de edad, Este reflejo se activa presionando ligeramente la palma de la mano, y ocasiona que éste cierre los dedos.

Si, pasados cuatro meses, este reflejo no se integra, aparecen problemas en el control motor de las manos, que se pueden evolucionar hasta complicaciones a la hora de realizar una correcta pinza con los dedos, lo que se traduce en problemas en actos habituales como la escritura, atarse los cordones o abrocharse los botones de la camisa.

 

LOS REFLEJOS PRIMITIVOS Y LAS HABILIDADES VISUALES

Como hemos adelantado, hay reflejos primitivos directamente relacionados con el desarrollo de habilidades visuales, desde las más básicas, como los movimientos del ojo o la percepción visual, hasta las más complejas, como el sistema de enfoque o la visión binocular. ¿Cómo sucede esto? Gracias a la estrecha relación existente entre el desarrollo motor del bebé en los primeros meses de vida y la evolución de las habilidades visuales. De hecho, ambos se desarrollan de manera paralela, por lo que si el desarrollo motor se ve comprometido, de igual manera sucederá con las habilidades visuales.

 

¿ESTE PROBLEMA SE PUEDE PREVENIR?

Si realizamos un control del desarrollo motor del pequeño, podremos evaluar si se producirán problemas en la visión y se podrán establecer tratamientos, tanto preventivos como resolutivos, de los problemas visuales. Se trata de corregir estos problemas en el cerebro, que no ha asimilado los patrones de movimiento específico ejecutados durante los primeros meses de vida que contienen en sí mismos un efecto inhibidor natural de los reflejos primitivos. Y se consigue a través de un programa de ejercicios personalizados puede resolver este problema. Al alcanzar esto, es decir, al integrar los reflejos primitivos, se obtienen resultados a nivel motor, académico, coordinación mano-ojo e incluso emocional. Esto se puede conseguir a través de un programa de movimientos muy específicos y otras formas de estimulación, con lo que se consigue una palpable mejora del control motor, grueso y fino, avances significativos en campos como la atención, la concentración, la capacidad lectora, la organización y planificación, las habilidades deportivas, el procesamiento de la información auditiva y visual…

 

¿QUIÉN DEBE SEGUIR ESTAS TERAPIAS?

Por supuesto, cuanto antes se diagnostiquen estos problemas, antes se podrá comenzar con la terapia. Pero los tratamientos están indicados tanto para niños como para adultos que presenten alguno de los síntomas de los que hemos hablado en el apartado de los principales reflejos primitivos o los que listamos a continuación:

 

  • Dificultades en la lectura de decodificación, gramática y lectura de comprensión
  • Pobres habilidades visuales
  • Lentitud en el procesamiento de información auditiva y visual
  • Pocas habilidades de organización
  • Bajo control grueso y fino
  • Dificultad para aprender a andar en bicicleta
  • Uso indistinto de las manos (derecha-izquierda después de los 8 años)
  • Malestar al viajar: Dolores de cabeza y náuseas, especialmente cuando leen en el coche, barco o avión
  • Inhabilidad para sentarse o mantenerse quieto o callado a la edad de 11 o 12 años
  • Dificultad para aprender a leer y escribir
  • Dificultad en cambiar de escritura infantil a adulta
  • Dificultad en clases de educación física: signos de torpeza y falta de coordinación
  • Dificultad en aprender a decir la hora de un reloj tradicional
  • Dificultad en aprender a nadar
  • Pobre coordinación ojo-mano
  • Problemas de lenguaje y articulación
  • Ansiedad
  • Discrepancia entre desempeño oral y escrito
  • Dificultad en la atención y concentración